Eramos cómplices. Cómplices de algo prohibido. Cómplices del más maravilloso secreto que jamás nadie guardó. Cómplices de los abrazos y de las risas, de las noches de verano, de algo que no solo sucedió en mi cabeza por mucho que la gente trate de verlo así.
Y la verdad es que, echo de menos todo aquello casi tanto como lo añoras tú. Todavía puede ser especial.
Porque real o no, fuimos cómplices de un sueño.

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